De qué va:
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| Padre e hijo |
Está claro: el final del arco “Vidas Breves” ha cerrado
muchos argumentos dispersados durante 49 meses de work-in progress, sí, pero
también es el trampolín sobre el que se propulsa la serie, hasta su final.
Algunas cosas:
-Merwin porta una buena cantidad de libros y todos
pertenecen al género de la criptogeografía (describir lugares imaginarios). Y
todos, como es habitual en Gaiman, salen de alguna parte: libros, series de
televisión, o, las más curiosas, “Nourmaria con 7 libras al día” parodia
una guía de viajes famosa, y “Mapa del metro de Los Ángeles” debe ser un libro ligerito,
ya que esa ciudad carece de servicio de tren suburbano.
-No hay que ser ningún lince para darse cuenta de la
aparición estelar de El Gato con Botas, ¿no?
-Orfeo comenta sobre su madre, que por supuesto, lo
recordamos, es Calliope (el evento del que hablan padre e hijo lo vimos en el
capítulo 18).
-La viñeta con el ank (amuleto explicado a raíz del capítulo
08) es la elipsis y la metáfora del asesinato, pero evidentemente nos explica
que no es un fin, sino un tránsito. Recordando que Muerte ha comentado a Bernie
Cápax haber vivido como todos, “una vida entera” (capítulo 43), podemos pensar
que en el fondo los Eternos son conscientes de la poca importancia de
distinguir entre vida y muerte… Desespero lo entiende a su manera, argumentando
que realmente murió Orfeo el día de su boda, relatado en el anual, claro.
-Evidentemente la conversación de Deseo y Desespero es de
vital importancia. Deseo ha urdido planes enteros para que Morfeo derrame
sangre de la familia (Casa de Muñecas, capítulo 10 y en adelante) y ahora ha
ocurrido. También sabemos qué entraña eso, basta releer el capítulo 31 para
recordarlo.
-La última frase escrita en este ciclo es “va a hacer un día
precioso”. Se repite, pues es la que cerraba la primera escena del primer nº de
la saga (capítulo 41) a modo de cuidado ciclo cerrado. Ciertamente “Vidas
Breves” cierra muchos ciclos, y prepara para el último gran arco de la obra
completa que es The Sandman.
Opinando
El final de la saga (casi de cada saga, podremos decir)
tiene ese gusto por el cuidadoso empaquetado final, dejando los asuntos
narrados bien atados (se recuperan a secundarios del ciclo para que sepamos cómo
les ha afectado, advertimos cómo influye todo lo ocurrido en los Eternos…) y
esparciendo nuevas tramas para el futuro. En este sentido Gaiman gustará o no,
se lo verá deux ex machina o tramposo y trilero. Pero sea ladrón o dios, es muy
bueno en lo que pretende.
Lirismo, momentos de intensidad emocional (si estás en la
obra, ver el llanto y el desconsuelo de Morfeo aquí, 49 capítulos conociendo a
una estatua marmórea, es tremendamente efectivo) y otra vez, en esta nueva
relectura, una poderosa sensación: Gaiman tiene más de trovador que de autor. De
cuentista, de narrador antes que de guionista de cómics. Le gusta contar
historias. Disfruta diseñando laberintos argumentales con módulos inspirados
(¿robados?) de diversas tradiciones. Y es consciente ya de estar llegando a las
almenas de su enorme castillo de palabras, historias y personajes.
Acaba de tirar la primera ficha del laberinto de dominó, y
el tono de “Vidas Breves” no engaña.











